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La propiedad intelectual en el Metaverso

El metaverso ha ganado un hueco en nuestros días, pues su presencia en la realidad es indudable. Si en un inicio los entornos virtuales, donde nuestros avatares pueden interactuar en un universo, no limitado por las leyes naturales, formaban parte del imaginario de los autores de obras literarias de ciencia ficción, directores de cine o atrevidos científicos, en la actualidad, el metaverso es una realidad en expansión continua que ya es susceptible de generar derechos y obligaciones para los participantes en dichos entornos y por ende, tener consecuencias jurídicas en la vida de la personas.

Gracias al estado de la ciencia y de la técnica, que es capaz de crear realidades virtuales y realidades aumentadas, es posible coexistir con un espacio de interacción para que los avatares virtuales de sus participantes puedan socializar, comprar, vender, crear obras artísticas o adquirir las mismas, hacer negocios o asistir a conciertos virtuales, entre otras interacciones de una vida virtual. Ese espacio virtual creado es el metarverso, que no responderá a las tradicionales leyes naturales, sino a las leyes propias del creador de cada uno de los espacios virtuales o metaversos.

Precisamente, en este artículo, nos centraremos en la protección de las creaciones y expresiones artísticas en este universo digital a través de la propiedad intelectual, analizando su regulación jurídica y algunos de los problemas que surgen en torno las obras digitales.

¿Es aplicable la ley de propiedad intelectual en los entornos virtuales?

La respuesta ha de ser afirmativa, además, como cualquier otra norma que haya de resultar aplicable, en atención al supuesto de hecho que se observe. Que un entorno virtual pueda verse libre de la aplicación de las leyes de la naturaleza no implica que haya de verse libre de la aplicación de las normas jurídicas que puedan resultar de aplicación, sin perjuicio de la complejidad del entorno digital.

El metaverso es un medio, no un fin en sí mismo. Si para el creador de una obra digital el fin o destino del creador es su propia obra, el medio empleado para dar a conocer su obra será el entorno virtual a través del cual lo divulga. Aunque la creación se realice electrónica o digitalmente, el autor también tendrá derecho al reconocimiento de la propiedad intelectual de esa obra y a que le sean otorgados los derechos de autor que le corresponden.

Así, el artículo 1 del Real Decreto Legislativo 1/1996, de 12 de abril, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley de Propiedad Intelectual (“Ley de Propiedad Intelectual”), regularizando, aclarando y armonizando las disposiciones legales vigentes sobre la materia, dispone que “la propiedad intelectual de una obra literaria, artística o científica corresponde al autor por el solo hecho de su creación”, es por tanto la creación el hecho generador del derecho de propiedad intelectual, sin que sea preciso que el mismo conste en registro alguno, o se haya procedido a difundirla en un medio específico.

Ahondando en este último aspecto, especialmente la legislación española, en el artículo 4 de la Ley de Propiedad Intelectual define la divulgación de una obra como “toda expresión de la misma que, con el consentimiento del autor, la haga accesible por primera vez al público en cualquier forma”. La ley no exige una especial forma de divulgación, sino que por el contrario, entiende por divulgación la que se haga en cualquier forma, también en forma digital o electrónica.

La problemática para la acreditación y protección de la autoría de las obras digitales: los NFTs

Un tradicional problema de los creadores, también en los entornos reales o mundo físico, es precisamente la protección de sus obras y el reconocimiento de su autoría, a efectos de que las mismas no sean copiadas, divulgadas, distribuidas o explotadas sin su consentimiento. El metaverso supone también un nuevo entorno donde los autores de obras digitales, gráficas o criptoarte, pueden verse perjudicados por la facilidad de alteración de sus obras digitales, mediante la manipulación de los archivos informáticos con ciberataques como el IP hijacking o secuestro de la IP, que permiten la manipulación del tráfico de datos entre la dirección IP del secuestrador y la dirección IP del secuestrado, entre otras ciberacciones ilícitas.

Distintos entornos virtuales ya aprovechan la tecnología de bloques de datos o blockchain, que precisamente garantizan la inmutabilidad de los datos, permitiendo acreditar la autenticidad de la información que contiene cada uno de los bloques de datos y, así se puede disuadir en cuanto a sus intenciones a los ciberdelincuentes y dificultar sus ciberataques, pues el blockchain eleva la seguridad para evitar la manipulación en los bloques de datos.

Lo anterior implica que si se divulga una obra en un entorno virtual que utiliza esa tecnología, existirá una garantía adicional para que la obra pueda ser protegida y la autoría real reconocida. Así, no son pocos los creadores que han procedido a crear sus obras digitales o criptográficas, mediante la generación de NFT (de sus siglas en inglés, “non fungible token”), token no fungible o no sustituible, es decir, una tipología de token que se refieren a bienes que son únicos, inimitables, inmutables, respecto de otros NFTs y que no se consumen mediante su uso, con el beneficio de utilizar una tecnología que precisamente garantiza la originalidad y autenticidad de la obra gráfica a la que se refiere cada uno de los NFTs que se emitan.

El ordenamiento jurídico español, aunque pueda resultar paradójico, tratándose de una tecnología tan innovadora, ya dispone de una definición para los bienes no fungibles, si bien en términos lo suficientemente genéricos, para que los NFTs puedan entenderse incluidos en dicha categorización. El art. 337 del decimonónico Código Civil, diferencia los bienes no fungibles de aquellos bienes que, siendo sustituibles, se consumen mediante su uso, es decir, los bienes fungibles (e.g. el dinero). Así, para los NFTs, al tratarse de bienes criptográficos no fungibles, y al carecer en la actualidad de una regulación específica que contemple todas las especialidades que suponen esta innovadora tecnología, habrá que seguir observando la regulación dada por el Código Civil para dicho tipo de bienes.

¿Qué derechos se otorgan al adquirente de un NFT?

Los derechos del adquirente de un NFT son precisamente los conferidos a la propiedad sobre el mismo, es decir, el comprador adquiere el dominio sobre la obra que se vende para su uso privado, pero no otorgan la autoría de la misma o los derechos de explotación sobre la obra de propiedad intelectual, salvo que se le concedan específicamente.

Partiendo de la base que la autoría de una obra, de conformidad con el art. 14 de la Ley de Propiedad Intelectual es un derecho moral inalienable del autor, que no puede transmitirse mediante negocio jurídico alguno, para que el adquirente de un NFT pueda detentar los derechos de explotación sobre la misma (los únicos derechos disponibles) es necesario contar con el consentimiento específico del autor de la obra, bien sea mediante la suscripción de un contrato, como podría ser un smart contract o contrato inteligente, bien sea mediante la cesión de los derechos de explotación que correspondan (e.g. distribución, comunicación pública, etc,…).

¿Los NFTs son un tipo de criptoactivo? La protección jurídica del adquirente de un NFT

Sí, efectivamente, los NFTs son criptoactivos y además el Parlamento Europeo y el Consejo de la Unión Europea incluido la regulación de los mismos en el Reglamento del Parlamento Europeo y del Consejo relativo a los mercados de criptoactivos y por el que se modifica la Directiva (UE) 2019/1937, denominado Reglamento MICA.

Sin perjuicio de que la citada propuesta no defina específicamente los NFTs, se refiere especialmente a los mismos, en los art. 4 y siguientes del Reglamento MICA, para regular los requisitos que han de reunir los emisores de los criptoactivos distintos a las monedas virtuales, entre los que se incluyen los criptoactivos que sean únicos y no fungibles respecto de otros criptoactivos, los NFTs.

El día 17 de marzo de 2022, la Autoridad Bancaria Europea (EBA), la Autoridad Europea de Valores y Mercados (ESMA) y la Autoridad Europea de Pensiones y Seguros de Jubilación (EIOPA), advertían del auge de los criptoactivos entre los consumidores, siendo muchos los criptoactivos existentes, que son arriesgados y especulativos, desaconsejándolos para la mayoría de los consumidores minoristas, pudiendo dar lugar a la pérdida de todo el dinero invertido.

Las autoridades europeas aseveran que “los consumidores deben ser conscientes de la falta de procedimientos para poder reclamar, así como de la ausencia de protección, ya que los criptoactivos y los productos y servicios relacionados con ellos en general quedan fuera de la protección que ofrecen las normas vigentes en la Unión Europea sobre servicios financieros”.

Las Autoridades Europeas también se refieren, especialmente, al aumento del interés por los nuevos tipos de criptoactivos, como son los NFTs y a la proliferación de su generación en el sector para la colocación de criptoarte como objeto de inversión.

Es preciso ser consciente de que la responsabilidad por la colocación de NFTs habrá también de alcanzar al emisor, para que necesariamente haya de cumplir con los requisitos de cumplimiento normativo que garanticen al consumidor o inversor el amparo de sistema financiero para el caso de efectuar la inversión en NFTs. Así, por su relevancia, conviene destacar, entre otras de las previsiones que se incluyen en el Reglamento MICA, que toda exclusión de responsabilidad civil carecerá de efectos jurídicos (art. 15).